martes, 2 de junio de 2009

CURSO DE MILAGROS / www.silviafreire.com

"Permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto"
Se hacen dos sesiones de 10 a 15 minutos preguntándonos cuál es el problema y cuál es su solución.

No podemos resolver (ni saber si está resuelto) un problema a menos que sepamos de qué se trata. Parecemos enfrentarnos a una larga lista de problemas y apenas uno se resuelve, otro lo reemplaza; parecen no tener fin.

Además nadie podría resolver todos los problemas que el mundo parece tener. La tentación de considerar que los problemas son múltiples nos lleva al desaliento y a la depresión.

No asumas que ya lo sabes y trata de liberar tu mente de las innumerables clases de problemas que pareces tener. Trata de reconocer que sólo tienes un problema que no has reconocido. La respuesta a tus preguntas se te dará.

Trata de no insistir en definir el problema; trata de poner en duda tu definición de tu versión de lo que son tus problemas. Trata de darte cuenta que al reconocer el problema real, también tienes la solución y puedes quedar en paz.

Ante cada problema que se te presente recuerda que debes reconocer que hay un solo problema y una sola la solución. Con este reconocimiento todos los problemas se resuelven y llega la paz.

Ante cada dificultad que parezca surgir, di de inmediato: "permítaseme reconocer el problema para que pueda ser resuelto." y trata de suspender todo juicio respecto al problema. Si puedes, cierra los ojos y pregunta cuál es el problema. Serás escuchado, y se te responderá.


"Gracias, Padre, por los regalos que me has concedido."

Durante 15 minutos por la mañana y 15 por la noche acepta los regalos divinos que han llegado a tu vida, así comprenderás cuan profundo e infinito es el cuidado que te prodiga Él.

Dedicar el día de hoy a sentirte agradecido tiene el beneficio adicional de atisbar lo grande que fue tu progreso y los regalos que recibiste. Dale gracias a Él que no te abandonó, y su amor estará sobre ti, eternamente inmutable.
Hoy sonríe a todo aquel que veas y marcha con paso ligero, ya que no caminas solo. Dios quiere ofrecerte las gracias que tú le das, y acepta tus regalos devolviéndotelos multiplicados. Los bendecirá compartiéndolos contigo.